Actualmente ya no hay ninguna duda que las artes marciales y entre ellas el karate, son consideradas una actividad que ayuda en la formación y desarrollo de los más pequeños y como no también, a todos aquellos que lo practican. Una buena prueba de esto es que la UNESCO declaró el karate como el deporte más aconsejado para los niños.

Hay mucho de escrito sobre los efectos físicos de la práctica de este deporte pero tenemos que tener en cuenta que hay también otros motivos muy importantes. La respiración es fundamental en la realización de las técnicas en todos los deportes pero en el karate tienen una rellevància aún mayor. Si partimos de la base que los ejercicios  de defensa y ataque que se llevan a cabo, son movimientos encadenados que tienen su mayor momento en la realización de los katas, que para mi manera de ver el karate, son meditaciones en movimiento donde hay que tener la concentración, la respiración y la visualización del movimiento de manera completa aunque físicamente no se vea, en un grado de atención llena muy alto, si queremos llevar a cabo su ejecución lo más correcta posible.

Con el karate se aprende a captar estímulos tan sutiles que son virtualmente inapreciables para alguien que no lo practica, que delatan la inminencia del impulso, lo cual hace que los practicantes de este arte marcial puedan anticiparse a los estímulos, más que reaccionar contra los mismos. Se mejora la visión periférica y las estrategias de busca perceptiva y visual. El autocontrol y el tiempo de reacción son unas variables que se mejoran con la práctica del karate, buscando siempre la anticipación como método de defensa o ataque, si hace falta. Todo deporte tiene una cumbre de conocimiento en cuanto a técnicas para perfeccionar su práctica, y después ¿qué queda?…En el karate, es cuando empieza lo esotérico, lo que no vemos, lo que se podria llamar como karate interno, donde acaba el deporte y empieza una filosofía de vida, un conocimiento espiritual o como queramos nombrarlo y este conocimiento va más allá del físico, más allá de todo lo banal, de todo lo material y dónde es cosa de cada uno descubrirlo, o no.

Os invito a todos a practicar el KARATE-DO hasta los 100 años.